domingo, 9 de noviembre de 2008

Historia nº 2

Helmut es paciente del neuropsiquiátrico local, fue hallado una noche de invierno, cuando en solitario vagaba por las calles de la ciudad. Su húmedo y sucio atuendo dejaba entrever que su periplo ya llevaba mucho tiempo, y hasta la fecha es muy poco lo que se ha podido saber sobre su verdadera identidad y personalidad.

“Hel“, como se lo llama cariñosamente, es un cuerpo de hombre que atesora el alma y la pureza de un niño, los estudios que se le practicaron indican un nivel intelectual muy alto, pero algo en su pasado le impide utilizar esas capacidades.

El Ministerio de Defensa, así como los Servicios Sociales ubican su ultima actividad hacia el verano de 1.998 en Estocolmo (Suecia), y desde esa época hasta hace dos años cuando fue encontrado aquí la oscuridad puebla tanto su filiación como su memoria.

Parece ser que Helmut era funcionario de los servicios de inteligencia de la OTAN, hombre de cultura, entendido en idiomas, y experto en derecho aeronáutico y espacial, todo así hasta que un día de ese verano, luego de una fuerte discusión, desapareció y allí comienza su misterio que solo permanece vigente en su mente, pero bajo un denso velo que impide su penetración.

Luego de un año de intensos cuidados, así como de numerosos estudios, se lo incluyo en un plan de paseos y visitas supervisadas, es decir que durante la semana un grupo de internos es llevado por personal calificado a realizar predeterminados tour dentro del casco urbano y zonas circundantes.

Una tarde, el paseo previsto consistía en dar una vueltas por el mercadillo local, al llegar allí todo parecía ir como de costumbre, hasta que en un determinado lugar Helmut comenzó a sonreír, y su risa colmo el ambiente de armonía y felicidad, sus carcajadas embriagaban a los transeúntes con un cóctel de pasión y desparpajo, y los celadores no salían de su asombro al ver como Helmut por primera vez ponía en evidencia algo que le daba mucho placer, un placer casi celestial, algo que estaba relacionado con ese exacto lugar, aquella banca del mercadillo llevaba a nuestro protagonista a algún sitio de su pasado donde el seguramente fue muy feliz, y para saber eso solo bastaba con ver su alegría infinita.

A partir de ese día las autoridades de la institución psiquiátrica determinaron la necesidad de llevar a nuestro amigo Helmut a diario hasta aquella banca y dejarlo durante varias horas añorar en paz.

Y hoy le tome esta fotografía . . .

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