jueves, 20 de noviembre de 2008

S.L.o.u.t.p.p.a – Fin del culebrón en una tarde de sol

Primera parte de la historia

Segunda parte y cuando se convierte en culebrón animado por vosotros

Ahora el final

Después de abandonar el “chateo” por ordenador y mantenernos en contacto a diario, por teléfono, Gonzalo, en un arranque de valentía, decidió espetarme un buen día, sin mediar más que un sucinto “Hola”: “Montse, hace una semana que hay sol cada día y no hemos quedado”.

Trás una árdua “ronda de consultas” entre mis indispensables, decidí devolverle la llamada y quedar el viernes. A él le pareció una idea estupenda y me dijo que me prepararía una sorpresa. Quedamos en el mismo Vips pero a una hora muy extraña, a las 12’30 del mediodía. Ya le dije que eso me obligaba a tener que salir antes del despacho pero al final, claudiqué.

El día amaneció soleado aunque fresco y después de una lucha encarnizada con mi armario, llegamos a un acuerdo final. Elegí taconazos ya que con él había margen, pantalones poco cómodos pero que me hacían “tipín” y una blusa de seda que sugería mucho pero no revelaba nada. Además me encantaba porque llevaba bordadas mis iniciales en el puño, era lo que se llama, la “blusa de la buena suerte”.

No le dije en ningún momento que le conocía así que volví a coger el pañuelo rojo, para disimular, y después de una mañana intensa de trabajo, convenientemente retocada, me dirigí al Vips.

Según abrí la puerta vi un periódico “El Mundo” sujeto por unas manos sin dueño, porque el resto estaba escondido detrás, y un sombrero de ala ancha sobre la mesa. Me acerqué despacio y dije: “Hola Gonzalo”.

Muy amable se levantó y me dio dos besos, que correspondí por aquello de aprovechar para echar una “olidita” por si acaso era de los que el agua no le penetra, más bien le resbala.

Llamó a la camarera para pagar y en ese momento, y como el que no quiere la cosa, le hice una “radiografía” de arriba abajo. El desasosiego se apoderó de mí. Yo como un pincel y el parecía que iba a “escarbar cebollinos”.

Cogió la carretera de “La Coruña” y posteriormente el desvío a Galapagar, mientras conversábamos de temas de actualidad. No estaba yo para otras cosas. Mis retinas tenían dos imágenes nítidas: su disfraz de “Coronel Tapioca” y mis tacones de aguja de 10 centímetros. Algo había ahí que me “chirriaba”.

A medida que iba cogiendo nuevas direcciones, mis ilusiones, al paso por diversos restaurantes, ya que me había dicho que me llevaba a comer a un sitio muy especial, se iban enfriando por segundos, hasta que llego el momento “fin del mundo”.

Íbamos por un camino de tierra y allí no había más que encinas. Miré mis botas de ante marrón y las encomendé a San Judas Tadeo. Estaba asumiendo que de aquella no saldrían bien paradas.

De repente frenó y me pareció ser la niña del exorcista porque giré mi cabeza a una velocidad increíble. No había nada civilizado. Una valla de piedra, encinas, piedras, polvo y algo de barro seco.

Salimos y me llevó a una formación granítica (me permito esta licencia porque si hubiera puesto “piedra”, todos habríais pensado que me iba a hacer “vuelta y vuelta”, jejeje), llevando en la mano una bolsa de deporte.

Nos instalamos, él mucho más fácil que yo, en el peñasco y sacó 4 servilletas de papel que extendió, mientras las sujetaba con una lata de foie-gras “La Piara”, una lata de sardinas picantes, otra de berberechos y, como plato estrella, una cajita de plástico con ensalada alemana comprada en El Corte Inglés. Sacó una botella de vino tinto (no quise ni mirar la marca porque mi pelea era sujetarme la chaqueta tan mona, la camisa de seda que se abría por todas partes, y lloraba internamente por los arañazos de mis botas) y dos vasos de plástico.

No sé en cuál, de las muchas conversaciones, debí hablar de mi gusto por la Naturaleza y las cosas sencillas, pero evidentemente su idea y la mía, sobre el tema, no coincidían en nada.

Superé el trance como pude, la comida la hice como si me persiguiera “El cobrador del frac” y zampándome media botella de vino acompañada por innumerables cigarrillos, cuyas colillas guardé, procuré evadirme de la desastrosa cita.

Recuerdo como en una nebulosa, mis contestaciones lacónicas y no podría decir qué me contó. En aquel momento me importaba un bledo su trabajo, su casa, sus hobbies y su deporte favorito.

Cómo no se le ocurrió decirme que la cita iba a ser rupestre como las pinturas???? Que el momento lírico-bucólico sería subidos a un peñasco, viendo vacas de lejos y con una rodaja de pan untada con foie-gras????

La vuelta se me hizo eterna pero según llegaba a Moncloa le dije que prefería quedarme allí porque iba a ver a una ancianita amiga de mi madre que vivía allí mismo, por si acaso se le ocurría “adosarse”.

Me bajé de aquel coche con lágrimas en los ojos, el corazón roto y la lengua ardiendo por las sardinas picantes. Las lágrimas eran por mi atuendo lleno de líquenes y algún que otro cardo que me habían despellejado las botas, me habían sacado hilos del pantalón y por un creciente ardor en la boca del estómago que no presagiaba nada bueno.

Me fui a una tienda de telefonía donde adquirí el móvil que tengo ahora. Pasé el final de la tarde y noche, cambiando los teléfonos y mandando mensajes a todos los conocidos para avisarles de mi cambio de número por “pérdida”.

Al cabo de una semana, sin haber contestado a ninguna de sus llamadas y ya convencida que todo el mundo conocía mi nuevo número, le mandé un mensaje diciéndole que quedábamos a las 4 en la misma piedra de nuestra cita.

Cuando Gonzalo llegó se encontró, sujeto con mi antiguo móvil desactivado, una lista enorme de cosas qué hacer en una primera cita con una pregunta y una recomendación final: “¿Ves algo que se parezca a nuestra primera cita? Cuando quieras llevar a una mujer a triscar por los montes, avísala primero”.

La blusa de la buena suerte, junto con las botas, pasaron a mejor vida haciendo juego con el teléfono, el número del móvil y, por supuesto, Gonzalo.

13 comentarios:

MATANUSKA dijo...

AJAJJAJA, perdona que me ria , pero a mi me ocurrió algo parecido no a lo alto de un peñasco, pero el mismo dia de conocernos, yo me hice 200 km en coche para conocerlo, me llevó a una barbacoa en un chalet que parecia sacado de los colby, con todos sus amigos yo sólo queria irme de alli para poder estar con él pero nada a los 3 de la mañana es cuando dcidió que volvieramos a su casa y nos pusieramos a hablar, me llamó mucho la atención. No le dejé el móvil ni mis botas, le dí algo mejor mi persona por que es ahora mi marido.

besosss

El Club de los Parados dijo...

interesante la eleccion del diseño de tu templete, veo que tenemos gustos parecidos jeje
He visto que ademas tienes la paginacion puesta al final del blog...
Nos leemos
Una sonrisa

silicongirl dijo...

Es que esas cosas se avisan jajaja. Si dice que te va a llevar a un sitio especial, pues lo primero que uno piensa es en un restaurante bonito o algo que se le parezca, y si sus intenciones son las de hacer una excursión lo mínimo es avisarte para que lleves ropa cómoda, al menos, para no destrozarte la indumentaria.
yo creo que en tu situación me lo hubiese pensado antes de salir del coche.
Valoraría el precio de las botas de ante y una lata de sardinas con pate. Hay cosas que no tienen precio jajaja.
Definitivamente no me bajaría del coche jajaja.

Besos guapísima

Jota dijo...

Parece real como la vida misma, pero no sé diferenciarlo de un relato ficticio. De cualquier forma, ¡es genial!...Pechá de reir me he pegado. Besos.

Esther dijo...

que conste que me lo he leído de cabo a rabo porque no había leido las dos partes anteriores y decirte que lo narras de una manera super entretenida que parece que me lo estés contando en persona hablando y todo..

Eso si que pena que eso de llevarte a comer a un sitio "especial" fuera entendido de una manera diferente por cada uno.. jajajaja Ains me he reido imaginandome la escena de el chico ahi delante del movil y las cosas y la notita.. jajaja

besos

Montse dijo...

Que conste, por los que no conocéis la historia, que esto es el final de una secuela sobre la historia que presente al Certamen de Relatos del Mosquitero, y como la dejé un poco al aire, hubo quién me pidió que contara, el final en un día de sol.

Es inventado de principio a fin y mi socia a la que, de vez en cuando, tengo de "sufridora" para que me haga la "crítica" previa. Me conoce y sabe que utilizo mucho la guasa y las situaciones un poco ...... cáoticas, jajajaja.

Gracias por vuestras visitas y comentarios.

Besitos encantos

Juancar dijo...

Hola Montse!! Te devuelvo la visita para conocerte. Me ha impresionado tu historia,tan real...Entre tú y Esther creo que saco un best seller,je,je

Un besito

María Marín dijo...

Lo que me he podido reír montse. No hay nada como echarle un poco de sentido del humor a las cosas y escribirlo de igual manera. Y el relato... real como la vida misma, jajajaja.

Besitos!

PD. Te enlazo y te sigo, o sea, que no te escapas!

darkmanburt dijo...

Hola Montse, gracias por dejar tu huella en la entrada de Raul, muchas gracias.

Si te pasas por nuestro blog, veras algo que te gustara, creo.

Un besito

Graciela dijo...

jajaja una salida rupestre me has hecho reír!!!...Montse espero que te se encuentre entre los mejores del concurso!!!...besitos!!!

Kurt dijo...

Inventado, ¡¡anda ya!! jajajaj!!!

Como digo yo, ¡¡te ha salido niquelado!! jejeje!!! Un besazo wapetona

Aspective dijo...

Montse, me ha llamado Gonzalo. como no tiene tu nuevo tlf. me ha cogido de intermediario.
Lamenta que no entendieras lo que pasó. Según él, era un día de sol. Se había puesto de punta en blanco, con su mejor traje, haciendo juego con el sombrero, había efectuado una reserva en el restaurante más caro de la ciudad y te llevaba un exquisito regalo. Por el camino, debido al calor del asfalto, reventó un neumático en la M40.. Se puso a cambiarlo y el traje se fué a hacer puñetas. Mientras estaba con el cambio de rueda aparecieron unos "para ayudarle" y en descuido se le llevaron la americana, con la cartera,el móvil, y todo lo que pillaron. Tenía un dilema: no podía avisarte, y si volvía a cambiarse llegaría tarde. Decidió que serías una mujer comprensiva. Tampoco tenía la cartera: ni dinero ni tarjetas... con lo que le quedaba suelto improvisó un almuerzo campestre y decidió que en lugar del restaurante superchachiguay reservado te llevaría a un lugar muy especial para él. Creyó que con sus explicaciones quedaría todo arreglado, pero durante la comida se dió cuenta de que no le escuchabas. Esabas preocupadas por unos pantalones algo raros, según él, y por una blusa monjil con algo extraño bordado, y no le oías mientras te explicaba sus desgracias. Me dijo que luego le plantaste con no se qué excusa rarísisma y nunca más respondiste a sus llamadas. Y que para colmo, le plantaste con una notita en plena soledad.
Una pena, añado yo, porque sé que antes de sus desgracias había planeado una cena relámpago para esa noche en la Tour Eiffel yendo en su yet privado, y para el fin de semana, un paseo hasta Yerba en su yate. Pero cree que no te ha gustado y está muy hundido.
Mala suerte para los dos. Creía que haríais buena pareja pero parece que no os habéis entendido.
Un abrazo

Aspective dijo...

Voy a picar. Necesito saberlo:
Qué es S.L.o.u.t.p.p.a?