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miércoles, 24 de junio de 2009

La cartera de la ministra

La cartera de una ministra, en este caso, pasa por sotopecientas mil manos, pero muchas, antes de llegar a destino.

Algo tan nimio como una cartera que lleva los asuntos, trasladados a papel o a "cederom", para transportarlos, de ida y vuelta, al Consejo de Ministros, porque es únicamente cuando les vemos cargar con semejante mamotreto. Yo jamás sería ministro, pero si lo fuera o fuese, iría con carrito porque esas carteras destrozan columnas y a ver quién las arregla después.

Pero a lo que íbamos que mi costumbre de dispersarme sigue incólume.

La cartera es, además, el símbolo visible en el recambio de ministros, cuando hay cambio en los ministerios, y este es el caso.

En el nombramiento de la sobrina de Don Fernando Morán y Don Leopoldo Calvo-Sotelo, a partes iguales (digo a partes iguales porque el primero está casado con una hermana del segundo, y la ministra es hija de una Calvo-Sotelo, o sea, muchos hermanos y bien colocados en todos los ámbitos), en el momento de la entrega de la cartera, después de haber pasado por las antedichas sotopecientas manos, nadie se ha dado cuenta de que Educación está mal escrito.


¿Cómo vamos a conseguir que nuestras criaturas mejoren si no conseguimos que la cartera del ministro lleve el título en condiciones?

En estos momentos nuestro país, por mucho que duela, parece una sucesión de tomas falsas, y lo peor es que nunca acaba de llegar la toma buena.


lunes, 23 de febrero de 2009

Romance de Togas y Venados

Mañanita de Febrero

al campo salió Garzón,

más no a desenterrar rojos

sino a cazar el muflón.


Alcahuete le acompaña

un ministro bermellón

de modales desabridos

y bermeja la color.


Y tras los dos nobles brutos,

séquito multicolor:

funcionarios lameculos,

periodistas de capón,

agradecidos estómagos

y hasta algún gay maricón.


Diversas zorras y guarros,

amenizan la sesión,

y entre tanta fauna inquieta,

algún pepero cagón,

de la facción gallardona

ojea la caza mayor.


A una señal del togado,

comienza la diversión,

y tras gentil tiroteo,

caen ciervos al por mayor.


La demócrata jauría,

se solaza con fruición,

más una sombra de duda,

surge tras la confusión:

"¿do está el juez?"

alguno exclama,

con cierta preocupación.


Y es que entre tanto venado,

no se distingue a Garzón.


Autor desconocido