En mi entrada anterior quise utilizar el sentido del humor para hacer el comentario sobre la elección de la sede las futuras Olimpiadas de 2016. Evidentemente y vistos los comentarios, con muy poco éxito, ya que lo que habéis leído ha sido todo lo contrario: chulería, prepotencia, y, lo que es más, me recordáis el gasto, los impuestos, en fin, un auténtico desastre.
En mi mano no está la solución de la crisis, que más quisiera yo. Ni tan siquiera que mi hijo el mayor deje de estar en el paro, tras más de un año sin trabajo. Es más, tampoco soy capaz de asegurar que mi trabajo como autónoma tenga continuidad y ello me llevaría a una situación desastrosa porque los autónomos no tenemos paro. Tenemos el cielo y el suelo, y poco más.
Ya me gustaría a mí decidir que se retirara el impuesto de las basuras, ya que en Madrid se va a pagar por primera vez, pero en mi ayuntamiento el PSOE nos lo puso y el PP lo mantiene, así que lo pago religiosamente hace más de 6 años, y, como se paga en relación al valor del piso, es carito.
Lo que yo pretendía era tomarme esa decisión del COI con humor, con guasa. No quería pensar en nada más, porque si lo hago, cierro el blog, doy de baja la ADSL para ahorrarme ese gasto y me pongo a llorar. El sector servicios (hostelería, restauración, etcétera) que es en el que trabaja mi hijo mayor, está cayendo en picado (el último caído ha sido el hotel Ritz que ha echado a 18 personas y ha cerrado una planta entera) y su recuperación tardará años, así que miro a la cara de mi hijo y se me parte el alma. Sin embargo cuando entro aquí trato de desconectar y tomarme las cosas de otro modo.
Acusarme de chula, soberbia y de atribuirme el daño de dar una imagen distorsionada de todos los madrileños para el resto del país, me parece fuerte.
Nada más lejos de mi intención, al contrario. Procuro ponerle a todo un punto de ironía y humor, tratando de no pensar en la cruda realidad que me rodea, que nos rodea.
Porque si empezamos a pelearnos los que trabajan para el Estado contra los que trabajan en empresas privadas; los que son de derechas contra los que son de izquierdas; los que son del Norte contra los que son del Sur; los del Este contra los del Oeste; los que prefieren fútbol contra los que prefieren el baloncesto; los que prefieren la música clásica contra los que la aborrecen y así ad infinitum, podemos encontrar más puntos de fricción que de unión.
Para eso apago el ordenador y leo un libro.
Cuando quiera pelearme con alguien, lo haré directamente y sin subterfugios. Y lo que es más, hablo en primera persona, no hablo en representación de nadie, así que ningún madrileño puede verse perjudicado por una palabra mía, así como por lo contrario.
Siento no tener hilo directo, como algunos pensáis, con ciertos políticos, para hacerles llegar vuestras quejas, y, de paso, las mías. Porque parece como si a mí no me tocara nada y ya me gustaría a mí que Esperanza, o Manuel Ángel, que es mi Alcalde del PP, me dieran algo, que ni la hora, exactamente lo mismo que ZP. Ni más ni menos.
Gracias a los que, como siempre, habéis encontrado un resquicio de buen humor que yo, ahora, he perdido después de este suceso.