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domingo, 1 de marzo de 2009

Concurso que da asco y ganas de vomitar

Dijo John Lawton, ante la Asociación de Periodistas Americanos, con 68 años: "La gran paradoja de la era de la información es que ha concedido nueva respetabilidad a la opinión desinformada".

Esta cita la leí en la novela de Michael Crichton, "Punto Crítico" y me pareció, en su momento, que quizá era algo desmesurada o exagerada. Ahora, no sólo en este país, sino en todos,  es desayuno, comida y cena para todos, en unos más y en otros menos, proporcionalmente inverso a la estupidez de sus mandatarios.

Como muestra, un botón que viví de cerca. Por mi trabajo, y en aquella época en la que  José Mª Ruiz-Mateos compraba información a diestro y siniestro, había en venta dossieres por toneladas, acerca de todo el mundo, no se libraba ni la portera de la esquina. Por lo que cuentan las "malas lenguas", los había de todos los colores y de todas las categorías. 

En el dossier, que nos hizo llegar un cliente, se hacía constar que él, una persona conocida, se había reunido con los miembros de un gabinete jurídico en un restaurante muy famoso de la capital de España. Esas 4 personas habían ocupado un reservado y la comida se había alargado bastante. Un camarero declaraba que habían comido poco y que habían hablado mucho, algo que al periodista no le llamaba la atención ya que para ello se habían reunido. Y se decía que existían unas fotos de la salida de las 4 personas que lo habían hecho por separado para no llamar la atención.

En el mismo dossier, se explicitaba que, con posterioridad, a primeros de Junio, había visitado dicho bufete antes de salir del país.

Se hablaban de extrañas conspiraciones de dicho personaje, emparentado con varias personas también con puestos de relevancia al frente del Estado.

Recuerdo como en varios periódicos se hicieron eco, escorando su comentario hacia el lado que más les convenía. Dicha noticia estuvo en el "candelabro" durante unos días, hasta que se solicitaron medidas cautelares. Al cabo de varios años, este hombre recibió una cantidad económica abultada, para resarcirle por dicha noticia falsa, y, los 3 periódicos se limitaron a hacer una reseña, en una página perdida, de la Sentencia.

Los del bufete jurídico, éramos mis dos socios y yo, que fuimos, como cada año en Navidades, a celebrar nuestra comida. No estuvimos en ningún reservado y disfrutamos de la comida y el postre, el tiempo que nos dio la gana, pero en ningún momento supimos que nuestro cliente estaba comiendo allí.

Evidentemente, en Junio, pasó por nuestro despacho para que se le hiciera la declaración de la Renta  de ese año y nos preguntó por un penalista que le llevara aquel asunto que no sabía ni de dónde había salido.

Cada día vivimos más inmersos en esta asquerosa sociedad que vive del bulo, basado en chorradas y que, al cabo de 4 o 5 años, cuando la Sentencia sea contraria, nadie se acuerda de aquello, pero el calumniado o calumniada, ya poco puede hacer para recuperar su buen nombre.

Es bien conocido que El Mundo y El País mantienen un "tour de force" a ver quién dice la más gorda. Las leemos unos días y luego, a otra cosa mariposa y sacamos la siguiente.

Se nos llena la boca de respeto pero cuando nosotros mismos no nos respetamos, flaco favor nos hacemos porque damos pie a que, el resto del planeta, entre en nuestras vidas como un elefante en una cacharrería.

Acabo de ver en un programa de zapping, de esos que ponen trozos de programas y me he quedado de pasta de boniato con la siguiente escena. Es un programa, en el que le hace una pregunta que es, para mí, denigrante y jamás consentiría ni que me la hiciera ni mi mejor amiga. En este caso, le preguntaban si era cierto que sus hijos la habían pedido que no denunciara a su padre, para evitarle la cárcel. Ella contesta que si, y después de los segundos necesarios para darle el suspense deseado, resulta que ha ganado 100.000 euros y todos están felices como perdices.

Juro que alucino por las orejas. Para empezar, no denunciar un delito, es delito, ahhhhhhh pero es que es a cambio de 100.000 euros y eso lo vale.

En ese momento, me ha llamado una amiga y se lo he contado porque seguía "shockada" por el asunto. Me ha salido como si fuera una ametralladora y se ha tronchado a mi costa. Me cuenta que eso es de lo menos que se oye en ese "concurso", que por lo visto tiene bastante éxito. Se habla de cualquier, yo diría, intimidad, incluso delitos y faltas que podían ser constitutivas de que un fiscal fuera de oficio contra ello.

Se confiesa prostitución, adulterios, robos, desprecios hacia las parejas, familias, hijos, etcétera, todo en aras de conseguir dinero.

Pues ¿qué coño queremos que nos cuente la prensa? ¿No queremos bilis? pues a litros. 

Estas cosas me hacen sentir absolutamente carca y "tarra" porque ni por todo el oro del mundo hablaría yo de esos temas en televisión, y, ni por asomo, confesaría posibles delitos ni a cambio de las minas del Rey Salomón.

Queremos que nos cuenten los barros, la mierda, y si no existe, se crea, porque las noticias buenas, no venden periódicos ni revistas ni libros, ni tan siquiera nos interesan.